Alberto Bricelo Durán / Escenario Rock and Pop
La banda Las Pelotas desplegó su energía característica y dejó una huella imborrable en el público que, aunque diverso, compartió una pasión común: el amor por la música de una de las bandas más importantes de Argentina.
Desde temprano, la sala Mon Live se fue llenando con una multitud variopinta. Aunque predominaban los argentinos, se pudo ver a fans de otros países latinoamericanos, como Uruguay, Venezuela, Paraguay y Colombia, todos reunidos bajo un mismo techo para disfrutar de una noche cargada de emoción y nostalgia. Los colores, las banderas y el acento rioplatense llenaron el aire, dando una sensación de que, aunque lejos de casa, todos estaban unidos por la misma causa: el rock argentino.

Cuando Las Pelotas subieron al escenario, la ovación fue ensordecedora. El vocalista de la banda Germán Daffunchio, un frontman carismático y cercano, no perdió tiempo y se dirigió rápidamente a los presentes, estableciendo una conexión inmediata con ellos. Su energía fue palpable en cada palabra, en cada mirada, en cada risa compartida con los asistentes. Las interacciones con el público fueron constantes, y esa relación directa con la audiencia se convirtió en uno de los puntos más destacados de la noche. No solo se sentía la cercanía de la banda, sino también la reciprocidad del público, que respondía a cada llamada con gritos, aplausos y cantos.
El setlist fue una mezcla perfecta entre grandes clásicos y dos temas más recientes de la banda que estan bastante pegajosos. Entre los más esperados, no podían faltar himnos como «Será», que hizo vibrar a todos con su emotiva letra y su inconfundible ritmo, y «Víctimas del Cielo», una de las canciones más queridas por los fanáticos. Los acordes de «Esperando el Milagro» también no tardaron en resonar en la sala, provocando una marea de manos alzadas y voces que se unían para cantar al unísono, como si se tratara de una verdadera ceremonia de rock.
Cada tema era un viaje emocional. Los asistentes se sumergían en las letras, las melodías y las historias contadas por la banda, recordando viejos tiempos, pero también disfrutando de la actualidad que Las Pelotas siguen marcando con fuerza.
Cuando la banda terminó el setlist oficial, el público no estaba dispuesto a dejar ir la experiencia. Gritos de «¡Otra, otra!» inundaron la sala, y Las Pelotas, fieles a su estilo generoso y cercano, no dudaron en salir nuevamente al escenario. La energía seguía siendo alta, y los fans pedían más. Con un ambiente cargado de entusiasmo, la banda complació a su gente, regalando algunos bises que cerraron la noche con broche de oro. Los clásicos de siempre volvieron a sonar, y la sala Mon vibró al ritmo del rock argentino una vez más.
El concierto fue una muestra más de la vigencia de Las Pelotas y de cómo el rock argentino sigue siendo un motor de unión para los latinoamericanos en todas partes del mundo. En Madrid, esa noche, no solo se celebró la música, sino también la hermandad de un público que, a través de sus recuerdos y su pasión, logró hacer de un rincón de la ciudad un pedazo de Argentina.